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martes, 16 de noviembre de 2010

Pude haber tenido el peor de los días. Sentirme gris por dentro y fuera. Como si el aire fuese algo que no me pertenece en lo absoluto. Tal así, que no mereciera vivir. Empezaría a caer, en un pozo profundo que todos los acontecimientos, aquellas heridas, profundas, han ido escavando para mí. Prácticamente perdida, en mi último momento en el que podré ver y sentir, ese dolor, aunque sea, una luz comienza a gestarse, mis ojos se inundan en lágrimas de no poder creerlo. Un ángel rosa mi presencia con la suya, conversa tan rápido, o quizás me distraje con su aura encantadora. Prometió protegerme, mantenerme casi en los laureles de la vida sagrada. Y así lo hizo, hasta el día de hoy lo sigue haciendo. Sí, quizás sea inconsciente en este momento de que sucede esto conmigo en particular, pero, me ayudaste a salir adelante, a volver a respirar, mientras confiaba a ojos cerrados, que era mi fin. Le diste un vuelco a mi corazón y lo abrigaste con tu cariño inmenso. ¿Quién como vos?
1385.

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